Análisis: Con Paloma, ¿qué necesita la derecha para despegar en 2026?

Lun, 15/12/2025 - 16:52
La candidatura de Paloma llega en un escenario de derecha fragmentada, donde el reto será articular apoyos, mientras la izquierda parte con una candidatura más unificada.
Créditos:
Archivo & EFE

A seis meses de la primera vuelta del 31 de mayo de 2026, el Centro Democrático oficializó este 15 de diciembre a Paloma Valencia como su candidata presidencial. La decisión cierra una disputa interna y le da al partido una vocería clara, pero no resuelve el problema de fondo: el voto de derecha no está concentrado en una sola figura y la carrera arranca con una izquierda mejor posicionada en las mediciones.

La matemática del arranque: voto disperso, no bloque sólido

La encuesta Invamer muestra una competencia con tres nombres arriba y una cola larga de aspirantes: Iván Cepeda (31,9%), Abelardo de la Espriella (18,2%) y Sergio Fajardo (8,5%). Detrás aparecen Miguel Uribe Londoño (4,2%), Claudia López (4,1%), Vicky Dávila (3,7%), Juan Carlos Pinzón (2,9%) y Germán Vargas Lleras (2,1%), entre otros.

En esa misma medición, Paloma marcaba 1,1% (igual que María Fernanda Cabal) y Paola Holguín 0,7%. Sumadas, las cartas uribistas de partido rondan el 2,9% en intención declarada, mientras el resto del voto opositor se reparte por fuera del Centro Democrático.

¿Qué cambia con Valencia?

El aval ordena al partido, pero no garantiza traslados automáticos. De hecho, el partido venía de semanas agitadas: el 1 de diciembre se abrió el choque por Miguel Uribe Londoño, cuando la colectividad dijo que salía del proceso y él lo negó; al día siguiente, Uribe Londoño anunció su renuncia al partido. Ese episodio ya quedó atrás, pero dejó una señal: hay un electorado de derecha dispuesto a moverse hacia candidaturas “por fuera” del carril tradicional. 

Un dato no menor es el papel De la Espriella, quien no solo aparece segundo en las encuestas de intención de voto: también mostró músculo al entregar 4.869.407 firmas para inscribirse por su movimiento, un activo que complica cualquier intento de unificar la derecha por la vía de una sola consulta. Además, tanto él como Fajardo han rechazado participar en consultas de bloque, lo que alimenta el escenario de competencia múltiple.

El cuello de botella: segunda vuelta y centro

Los escenarios hipotéticos de segunda vuelta ayudan a entender la obsesión por la “unidad”: Cepeda le ganaría a De la Espriella 59,1% a 36,2%, pero frente a Fajardo la contienda se estrecha (48,9% a 46,4%). Es decir, el centro puede definir la elección si llega vivo a la recta final. Para Paloma, la pregunta práctica es cómo crecer sin quedar encerrada en el nicho: necesita atraer voto conservador hoy repartido, pero también parecer competitiva ante votantes moderados que deciden en balotaje y, además, indican ser determinantes para las elecciones.

Tres escenarios plausibles

  1. Consulta o acuerdo de centro-derecha: gana visibilidad y busca un piso competitivo, pero debe negociar con otros liderazgos y egos.

  2. Derecha fragmentada: si el voto sigue atomizado y el candidato por firmas conserva su tamaño, Valencia pelea por una porción limitada del electorado.

  3. Centro reacomodado: si el eje termina siendo quién le disputa a Cepeda la segunda vuelta, Valencia tendría que demostrar que suma por fuera del uribismo sin espantar al votante que decide al final.

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