Desde el 1 de enero de 2026, el personaje animado Betty Boop y el cuadro "Composition with Red, Blue and Yellow" del pintor neerlandés Piet Mondrian pasaron a dominio público en Estados Unidos. En la práctica, esto significa que cualquiera puede copiar, distribuir, adaptar y reutilizar estas obras sin pedir permisos ni pagar derechos de autor.
Qué cambió desde el 1 de enero de 2026
El salto ocurre cada año al comenzar enero: miles de creaciones publicadas en 1930 quedaron libres de copyright en Estados Unidos, y también lo hicieron grabaciones de sonido de 1925. La lista fue difundida por el Centro para el Estudio del Dominio Público, una iniciativa de la Facultad de Derecho de la Universidad de Duke, que suele reunir los títulos más conocidos que se suman a este “nuevo lote” anual.
Personajes y cultura pop que se liberan
En animación, la atención se la lleva Betty Boop, creada por el dibujante Grim Natwick en 1930. Junto a ella entra Pluto, el perro asociado al universo de Mickey Mouse, y también los protagonistas de la tira cómica estadounidense "Blondie" (Blondie y Dagwood). El año anterior, en 2025, se habían liberado personajes como Popeye y Tintín, un recordatorio de que el dominio público también mueve nostalgia y negocio.
Libros, música y artes visuales en la lista
Entre las obras literarias que pasan a dominio público figuran "The Murder at the Vicarage" de Agatha Christie, "Civilization and Its Discontents" de Sigmund Freud y "Ash Wednesday" de T.S. Eliot. En música aparecen títulos que han tenido múltiples versiones a lo largo del tiempo, como "Dream a Little Dream of Me", "I Got Rhythm" y "Body and Soul".
En artes plásticas, además del trabajo neoplasticista de Mondrian, se suma "Tier-freundschaft (Animal Friendship)" de Paul Klee, y también el mural "Prometeo" del mexicano José Clemente Orozco, ubicado en la Universidad de Pomona, en Claremont, California.
Por qué importa
La entrada al dominio público no es solo una curiosidad legal. Abre la puerta para nuevas ediciones, adaptaciones, remezclas y usos educativos. Desde editoriales hasta creadores independientes pueden trabajar con estas obras sin el filtro de licencias, algo que, a veces, acelera proyectos que antes eran inviables por costos o permisos.
