En medio de la investigación por el envenenamiento con talio de dos menores de edad en Bogotá, apareció públicamente la voz de Zenaida Pava Vargas, mujer cuyo nombre fue mencionado dentro del expediente judicial y que hoy asegura ser completamente ajena a los hechos.
La Fiscalía General de la Nación avanza en el proceso contra Zulma Guzmán Castro, empresaria de 54 años señalada como presunta responsable del envío de frambuesas contaminadas. Mientras tanto, en el Reino Unido continúa el trámite para su posible extradición a Colombia.
Dentro del caso, las autoridades incorporaron un testimonio considerado clave: el de un domiciliario que realizó la entrega del paquete. Su declaración permitió establecer la presunta participación de dos mujeres y la conexión de dos teléfonos celulares utilizados para coordinar el envío, ambos vinculados a un correo electrónico registrado con origen en España.
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“No tengo nada que ocultar”: la defensa de Zenaida Vargas
Ante las versiones que la relacionan con el proceso, Zenaida Vargas Pava decidió dar su versión de los hechos. En diálogo con medios nacionales, afirmó de manera contundente:
“Me están inculpando de algo que yo en la vida sería capaz de hacer. Soy una mujer de 63 años, trabajadora, no tengo nada que ocultar”.
La mujer sostuvo que no conoce a Zulma Guzmán y que no tiene relación alguna con ella. “Ni siquiera sé quién es. Mi círculo social se reduce a mi familia”, manifestó.
Su hermano, el abogado penalista Álvaro Pava, también salió en su defensa. Según explicó, la mención de Zenaida en el expediente podría obedecer a confusiones o incluso a un posible resentimiento personal de terceros.
El jurista enfatizó que, para la fecha en que se habrían realizado los envíos de las frambuesas, su hermana no se encontraba en Colombia. “Hace tres años que salió del país y actualmente vive en el extranjero”, precisó, aclarando además que no reside ni en Argentina ni en Londres, donde Guzmán permanece detenida.
El testimonio del domiciliario que originó las sospechas
Uno de los elementos centrales del expediente es la declaración del repartidor que llevó, sin saberlo, la fruta envenenada hasta la vivienda de la familia Bedout.
El hombre narró que recibió el paquete en un edificio de tres pisos en el norte de Bogotá. Allí fue atendido por una celadora que realizó una llamada y minutos después descendió una mujer mayor, descrita como de cabello blanco y apariencia formal.
De acuerdo con su relato, esa persona le entregó las frambuesas y le pagó en efectivo. Posteriormente, al llegar al lugar de destino, una menor rechazó el pedido al afirmar que nadie lo había solicitado.
Tras marcar la entrega como fallida, el domiciliario recibió una llamada de la misma mujer pidiéndole que regresara y dejara el paquete como un regalo. Finalmente, la encomienda fue aceptada por un celador que identificó al destinatario.
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Esa versión llevó a que el nombre de Zenaida Vargas fuera incluido en la investigación.
Pese a que su nombre aparece en testimonios y documentos, la familia de Vargas asegura que la Fiscalía no se ha comunicado oficialmente para tomarle declaración.
También se aclaró que Zenaida ya no tiene negocios en Colombia. Según verificaciones periodísticas, hace aproximadamente ocho años vendió un local de comidas ubicado en la Terminal de Transportes del Salitre.
