El anuncio del aumento del salario mínimo para 2026 desató reacciones divididas entre los principales gremios empresariales y las organizaciones sindicales del país, que contrastan visiones sobre su impacto económico y social.
Desde el sector empresarial, la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) cuestionó la decisión del Gobierno y alertó sobre posibles efectos negativos. Según el gremio, el incremento del salario mínimo fue adoptado de manera unilateral y podría generar presiones sobre la inflación, los precios de bienes y servicios, el empleo y las finanzas públicas.
En la misma línea, el presidente de Fenalco, Jaime Alberto Cabal, afirmó que este tipo de decisiones terminan afectando la competitividad del país, incrementan el gasto público y pueden profundizar la informalidad laboral, en un contexto que calificó como complejo para las finanzas del Estado.
Otros voceros del sector productivo han advertido que el aumento podría elevar los costos de producción y trasladarse a los precios finales para los consumidores, además de incidir en el costo del crédito de consumo, vivienda y educación, ante posibles ajustes en las tasas de interés.
Desde el sector agropecuario, la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) expresó su preocupación por el impacto en el mercado laboral. Su presidente, Jorge Enrique Bedoya, señaló que la medida beneficia a una fracción de los trabajadores formales, pero deja por fuera a millones de personas que se desempeñan en la informalidad y que perciben ingresos inferiores al salario mínimo, lo que podría dificultar aún más la generación de empleo formal.
En contraste, las centrales obreras celebraron el anuncio del Gobierno. El presidente de la Central Unitaria de Trabajadores CUT, Fabio Arias, aseguró que el aumento representa una mejora directa en las condiciones de vida de la clase trabajadora y los sectores populares.
Según Arias, mayores ingresos para los trabajadores no solo fortalecen el bienestar de las familias, sino que también se traducen en mayor productividad y un impulso a la economía en su conjunto, al dinamizar el consumo interno.
El debate sobre los efectos del salario mínimo para 2026 se mantiene abierto, en medio de posiciones encontradas que reflejan las tensiones entre sostenibilidad económica, empleo y condiciones de vida de los trabajadores.
