La inflación en Colombia volvió a acelerarse en abril. El Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE, informó que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) tuvo una variación mensual de 0,78 %, una variación año corrido de 3,87 % y una variación anual de 5,68 %. Frente a abril de 2025, cuando la inflación anual fue de 5,16 %, el aumento fue de 0,52 puntos porcentuales.
El dato no solo muestra que los precios siguieron subiendo. También permite ver dónde está la presión. En abril, el comportamiento mensual del IPC se explicó principalmente por alimentos y bebidas no alcohólicas y por alojamiento, agua, electricidad, gas y otros combustibles, dos grupos que pesan directamente en el gasto cotidiano de los hogares.
¿Qué subió más en abril?
En la variación mensual, el mayor aumento estuvo en alimentos y bebidas no alcohólicas, con 1,51 %. Allí se destacaron incrementos en zanahoria con 10,40 %, tomate de árbol con 9,05 % y papas con 8,05 %. Aunque algunos productos bajaron, como naranjas, dulces y plátanos, el balance del grupo fue suficiente para empujar el dato general.
La segunda mayor variación mensual fue la de muebles, artículos para el hogar y conservación del hogar, con 1,06 %. En ese grupo pesaron aumentos en servicio doméstico, productos de limpieza y muebles. En contraste, información y comunicación fue la única división con variación negativa, de -0,05 %, explicada por menores precios en equipos de telefonía móvil y similares.
Pero no basta mirar qué subió más. En inflación también importa cuánto pesa cada gasto en la canasta. Por eso, las mayores contribuciones mensuales vinieron de frutas frescas, combustibles para vehículos y arriendo imputado. Esa combinación muestra que la presión no está concentrada en un solo frente: toca mercado, movilidad y vivienda.
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¿Por qué el dato preocupa?
Entre enero y abril, el IPC acumuló una variación de 3,87 %, superior al 3,30 % del mismo periodo del año anterior. En lo corrido del año, las mayores alzas están en educación, con 5,89 %, y alimentos y bebidas no alcohólicas, con 5,87 %. Esto importa porque los primeros meses del año suelen recoger ajustes de matrículas, tarifas, servicios, arriendos y otros precios que se actualizan con base en decisiones previas.
En la medición anual, la mayor variación se dio en restaurantes y hoteles, con 9,61 %. Le siguió salud, con 8,21 %, y educación, con 7,58 %. Esto muestra que la inflación no solo se siente en el supermercado: también aparece en comer fuera de casa, consultas médicas, matrículas y servicios asociados al gasto familiar.
Las mayores contribuciones anuales al IPC fueron comidas en establecimientos de servicio a la mesa y autoservicio, con 0,73 puntos porcentuales; arriendo imputado, con 0,60 puntos; y transporte urbano, con 0,52 puntos. Ese detalle es clave: aunque algunos productos tienen aumentos puntuales altos, los rubros que más empujan la inflación son gastos frecuentes y difíciles de reemplazar.
¿Qué implica para hogares y tasas?
Para los hogares, el efecto inmediato está en la pérdida de capacidad de compra. Si suben alimentos, transporte, arriendos y servicios, el ajuste se siente más en gastos básicos que en consumos aplazables.
Para el Banco de la República, el dato reduce el margen para bajar tasas. La inflación sigue por encima de la meta de 3 % fijada por la Junta Directiva, mientras la tasa de política monetaria está en 11,25 %.
