Es académico respetado y crítico consumado. Sus comentarios hoy en El Tiempo y antes en El Espectador lo han consagrado como un analista de medios respetado e imparcial.
Ómar Rincón es –además- profesor universitario, periodista, y un observador acertado de la evolución de la televisión.
Sin embargo, no se toma en serio –cuando se refiere a sí mismo- más por su buen humor que por humildad. “Yo llegué a esto –dice- por equivocación y por rosca. Por equivocación porque yo quería ser inteligente y traté de estudiar comunicación en la Javeriana. Terminé hablando de farándula, para muchos un mundo light y despreciable, donde no se habla de temas serios".
“De pronto lo que descubrí es que lo light y la farándula son un lado muy importante para pensar la sociedad. Uno puede determinar qué valores son los que funcionan, desde dónde se está hablando y mirando la sociedad. Si un programa tiene rating, la pregunta mía es, –‘qué porquería’, parece–, pero yo me pregunto por qué tiene rating. Y averiguándolo descubro formas de ser de Colombia. Creo que encontré un mecanismo que son los medios de comunicación, la farándula y todo este tipo de cosas para ver el mundo".
Rincón se sorprende por los éxitos de la comunicación, el papa Francisco el más importante por estos días: “Una iglesia pedófila y ladrona se convirtió en una iglesia de los pobres, a punta del chamullo argentino que tiene este Papa (el verbo, la carreta, el cuento)".
Hablando de la televisión colombiana, ¿caben las feas?
A las feas no les hablan, pero inteligencia y una buena conversación mata apariencia. Después cabeza mata silicona. Cuando se hizo 'Sin tetas no hay paraíso', el presidente de Caracol dijo que era una novela educativa, para que las mujeres no se pusieran tetas. Entonces yo le escribí diciendo que sacaran a todas las que tuvieran silicona de Caracol. De haberlo hecho se hubieran quedado sin presentadoras.
En la televisión todas las presentadoras tienen que ser bonitas. Los hombres casi todos son feos. Y los galanes feísimos. De pronto dos o tres bonitos: Manolo Cardona, Sebastián Martínez y de pronto... no, mentiras… el otro ya se dañó.
¿Y cuáles son los galanes colombianos?
La gran figura era Miguel Varoni. También Robinson Díaz. Hasta a Luis Eduardo Arango lo hemos tenido de protagonista. Lo que le toca al colombiano es ser chistosito. Si no es bonito tiene que ser agraciadito.
¿Cómo ejercer una crítica tan fuerte y dormir tranquilo?
Llevo 15 años, primero en El Espectador y ocho años en El Tempo. Es terrible porque hay gente que no me quiere, pero en el fondo sí me respetan porque no me meto con las personas, con la vida íntima de nadie. Veo una novela, veo un programa y hablo del programa sobre lo que a mí me parece, aunque pueda estar equivocadísimo.

