La historia de Daniel Ledesma es la de un joven que creció en medio de la violencia en Medellín, pero que decidió convertir esa realidad en una oportunidad para impulsar procesos de transformación social. Hoy es director de YMCA Medellín, una organización con 52 años de trayectoria en la ciudad y 182 años a nivel mundial.
Ledesma creció en el sector El Coco, en Santa Rosa de Lima, Comuna 13, un territorio marcado por dinámicas complejas. Desde niño, combinó actividades cotidianas como jugar en la calle o vender mangos, con una realidad atravesada por la violencia.
“Siempre fui un joven soñador”, recuerda. Sin embargo, también enfrentó pérdidas cercanas desde temprana edad debido al conflicto armado, lo que moldeó su forma de entender la vida y su compromiso con los demás.
El momento que cambió su vida
El punto de quiebre llegó en 2014, cuando cursaba grado 11. Ese año, un amigo del colegio fue asesinado en medio de un hecho relacionado con consumo de sustancias.
“Fue un llamado a preguntarme qué estaba haciendo y qué quería para mi vida”, relata. Ese episodio marcó un antes y un después, no solo por el impacto emocional, sino porque lo llevó a cuestionar su entorno y buscar alternativas.
Aunque inicialmente no tenía un proyecto de vida definido, entró a la universidad por decisión de su madre y comenzó a estudiar trabajo social. Allí encontró una vocación.
Le puede interesar: 6 de cada 10 periodistas han sufrido acoso sexual en Colombia
“Me enamoré del quehacer social”, cuenta. A partir de ese momento, empezó a involucrarse en procesos comunitarios, entendiendo el servicio como una acción colectiva y política, más allá de un discurso.
Antes de llegar a la dirección de YMCA Medellín, Ledesma recorrió múltiples territorios de Antioquia, trabajando con comunidades en condiciones vulnerables.
Participó en procesos en 74 municipios del departamento, enfrentando retos como desalojos, problemáticas de acceso a servicios básicos, acompañamiento a jóvenes en conflicto con la ley y trabajo en cárceles.
“Lo que hacemos no es individual, es colectivo”, enfatiza, destacando que su trayectoria ha estado marcada por el trabajo en equipo y el aprendizaje en territorio.
El vínculo con YMCA y su llegada a la dirección
Su relación con la organización comenzó en la adolescencia, a través de un programa enfocado en jóvenes con antecedentes de violencia o consumo. Sin embargo, no fue un proceso lineal.
Años después, en 2019, retomó el contacto desde su rol como líder comunitario. Finalmente, en 2022 se vinculó como coordinador de un proyecto social y en marzo de 2024 asumió la dirección general.
Dirigir YMCA Medellín no ha sido sencillo. Ledesma explica que, aunque es una organización reconocida globalmente, a nivel local enfrenta limitaciones presupuestales y operativas.
“Es una estructura grande con recursos muy limitados”, señala. A esto se suma su preferencia por el trabajo en territorio, lo que hace desafiante el rol administrativo.
Aun así, mantiene un enfoque cercano con los jóvenes, promoviendo espacios horizontales y de participación activa.
Entre las experiencias que más lo han marcado, destaca la transformación de un joven que, tras años de acompañamiento, logró cambiar su forma de relacionarse con su familia.
“Ver cómo alguien pasa de la frustración a expresar emociones desde el respeto y el amor demuestra que esto sí funciona”, afirma.
También le puede interesar: El Bohemio: el secreto mejor guardado de la salsamentaria más antigua de Bogotá
Un mensaje para los jóvenes en Colombia
Lejos de hablar desde el orgullo, Ledesma asegura que su trabajo es apenas lo mínimo que puede hacer. Su mensaje para quienes viven situaciones similares es claro: la vida vale y no es necesario sacrificarla para generar cambios.
“La causa social no necesita mártires, necesita vida, diálogo e inspiración”, concluye.
Su historia refleja que, incluso en contextos adversos, es posible construir caminos distintos y apostar por la transformación social en Colombia desde lo colectivo.
