La Alcaldía de Bogotá abrió una convocatoria para que la ciudadanía proponga nombres para tres estaciones de la Línea 1 del Metro. La decisión llega en una etapa en la que el proyecto ya no solo se mide por columnas y viaductos: también empieza a construir su identidad pública.
Una obra que entra en fase de apropiación ciudadana
La campaña se concentra, por ahora, en las estaciones 3, 4 y 10 y estará habilitada entre el 24 de marzo y el 24 de abril de 2026, según la información divulgada por el Distrito. La idea no es menor: durante años, el Metro de Bogotá fue discutido como expediente técnico, cronograma o promesa de obra; ahora la administración abre un espacio para que una parte del sistema deje de ser solo numeración operativa y empiece a tener una relación más directa con los barrios y con la memoria urbana de la ciudad.
Aunque la convocatoria tiene un tono de participación ciudadana, el trasfondo es institucional. La Línea 1 tendrá 16 estaciones, 28 edificios de acceso y una combinación de integraciones directas y de proximidad con TransMilenio, de modo que el nombre de cada punto no será un detalle ornamental sino una referencia cotidiana para millones de desplazamientos futuros. Por eso, más que una campaña simbólica, el proceso abre una discusión temprana sobre cómo quiere Bogotá nombrar los lugares por los que se moverá.
Del avance físico a la construcción de identidad
El anuncio coincide con una etapa de avance material más visible del proyecto. Con corte al 28 de febrero de 2026, la Línea 1 alcanzó un 73,75 % de ejecución, y la ciudad ya completó ocho kilómetros continuos de viaducto entre el patio taller y la estación 6, una condición relevante para el inicio de las primeras pruebas ferroviarias previstas para mediados de este año. En paralelo, este 26 de marzo llegó al país el noveno tren del sistema, una señal de que la obra ya no está solo en la fase civil, sino también en la de montaje y preparación operativa.
Ese cruce entre construcción física y apropiación ciudadana ayuda a explicar por qué el Distrito decidió mover la conversación hacia el nombre de las estaciones. Las grandes infraestructuras suelen pasar primero por el lenguaje técnico y después por el lenguaje cotidiano. En Bogotá, ese tránsito empieza a verse ahora: mientras continúan los avances en el trazado, la administración busca que parte del sistema incorpore referencias históricas, geográficas o sociales cercanas a su entorno, en lugar de quedar definido únicamente por un código de obra. Esa intención aparece de forma explícita en la campaña y también en la forma en que el Distrito ha venido presentando el Metro como un proyecto urbano, no solo de transporte.
Participación digital y próximos pasos
Para participar en la convocatoria, los ciudadanos deben comunicarse por canales digitales del Distrito, entre ellos Chatico y el WhatsApp oficial de la Alcaldía. En el caso de Chatico, se trata de una herramienta ya habilitada por Bogotá y disponible por WhatsApp, Telegram y webchat, lo que encaja con la estrategia de trasladar parte de la interacción ciudadana a plataformas digitales.
Al seleccionar la opción sobre Metro, los ciudadanos van a poder votar entre las opciones de nombre que dispone la alcaldía para las futuras estaciones del Metro.
Más allá de cuál termine siendo el nombre elegido en cada caso, la decisión marca un cambio de fase en la conversación pública sobre el Metro. El debate deja de estar concentrado solo en retrasos, porcentajes de ejecución o hitos de obra y empieza a entrar en un terreno distinto: el de la relación entre infraestructura, territorio e identidad. En una ciudad que ha discutido durante décadas si tendría o no tendría metro, el hecho de que hoy esté discutiendo cómo se llamarán algunas de sus estaciones también dice algo sobre el momento del proyecto.
