Detrás de cada historia de viajes hay una decisión que lo cambia todo. En el caso de Alejandro Turbay Noguera, viajero, bloguero y fotógrafo colombiano, ese punto de quiebre llegó cuando trabajaba en una oficina, vestido de traje, cumpliendo horarios estrictos y sintiendo que no era feliz. Como muchos, soñaba con recorrer el mundo, pero durante años ese deseo fue solo una idea lejana. Sin embargo, comenzó a planear cómo hacerlo realidad, convencido de que debía intentarlo. Ese proceso no fue impulsivo, sino el resultado de una reflexión profunda sobre su vida y sus prioridades.
En 2015, Alejandro tomó una de las decisiones más difíciles: renunciar a su trabajo estable. Aunque tenía un buen salario, entendió que el tiempo no se recupera. Con miedo, pero con determinación, compró un tiquete de ida hacia Filipinas para iniciar su recorrido por el sudeste asiático. Le dijo a su familia que no sabía si regresaría en tres meses o en tres años. Finalmente, ese viaje se extendió durante cuatro años, hasta 2019, convirtiéndose en la experiencia más transformadora de su vida.
Un estilo de vida nómada
Durante su travesía, Alejandro desarrolló una estrategia para sostenerse económicamente. Viajó con un presupuesto aproximado de 10 dólares diarios, cubriendo alojamiento, comida y transporte. Para lograrlo, ofrecía sus habilidades en hostales y negocios: trabajó como recreacionista, dio clases de salsa, manejó redes sociales y enseñó idiomas. Su filosofía era clara: proponer y adaptarse. Con el tiempo, también convirtió su experiencia en contenido digital, construyendo una audiencia interesada en su estilo de vida.
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Hasta hoy, Alejandro ha visitado 64 países, pero insiste en que viajar no se trata de acumular destinos, sino de vivirlos. En muchos lugares permanecía entre tres y seis meses, buscando conocer culturas y aprender de cada experiencia. Además, destaca que viajar con pasaporte colombiano sí es posible, derribando el mito de que limita las oportunidades.
Historias que solo ocurren viajando
Su recorrido está lleno de momentos únicos. Uno de los más virales ocurrió en Buenos Aires, en el museo MALBA, donde conoció a una mujer con la que tuvo una breve conversación. Días después, ella inició una búsqueda en redes sociales para encontrarlo, convirtiendo la historia en tendencia internacional. Alejandro descubrió lo que pasaba al verse en televisión, en una situación que aún describe como surreal.
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Otra experiencia inolvidable ocurrió en Laos, donde logró entrenar durante un mes con un equipo profesional de fútbol, mientras en paralelo convivía con monjes budistas, enseñándoles inglés y aprendiendo de su filosofía. Esa combinación de deporte y espiritualidad resume su forma de viajar: abierta, flexible y profundamente humana.
Hoy, Alejandro no ha regresado a una oficina tradicional. Sigue viajando, trabajando de forma remota y compartiendo su historia en redes sociales. Su mensaje es directo: si alguien sueña con cambiar de vida, debe planear, organizarse y dar el paso. Para él, perseguir los sueños no es una fantasía, sino una decisión que requiere disciplina, constancia y valentía.
