Odebrecht tapa al hacker que tapa a Reficar que tapa el escándalo de la Corte Suprema que tapa el del robo de Córdoba que tapa a Roberto Prieto que tapa el de la contratación en las prisiones que tapa el de las impolutas y la secuencia parece no tener límites. El país vive de un escándalo en otro. Pero lo peor es que el manejo de los tiempos de cada uno parece estar sincronizado y controlado desde arriba.
Cuando uno de ellos parece llegar a su nivel máximo, de forma concertada, los medios desvían la atención para que se centre en un nuevo evento de otro escándalo. Se descubren algunos hechos que asombran por los niveles de podredumbre a los que hemos llegado y cuando se acercan a los autores intelectuales, el tema se enfría y desaparece. Otro hecho grave lo remplaza con sus chismes y capturas. En este baile se mantiene a la opinión pública que oscila entre el asco, el asombro y la fatiga.
Todo aquello que pueda alcanzar a manchar a los peces gordos es evitado para mantener sin fractura a este establecimiento podrido por la mermelada y las corruptelas. Como juguetes, los medios juegan el papel que el poder quiere que desempeñen, a veces de forma consciente y otras manipulados desde las altas esferas. Los organismos de investigación también se prestan para este manejo poco transparente que les permite proteger a unos y hundir a otros. Porque el régimen sabe que tiene que ofrecer algunos resultados en la lucha contra la corrupción porque de lo contrario colapsa. Pero no está dispuesto a soltar el mango del sartén y seguirá dosificando los escándalos para darle contentillo al público.
En el fondo a nadie le importa la justicia. Tampoco la moral porque mientras estos escándalos van y vienen, la corrupción sigue adelante sin temores ni frenos. Sabemos que nada de fondo va a cambiar. En las altas cortes continuarán agazapados los que compran y venden fallos. En los departamentos, las mafias que controlan la política se preparan para una nueva campaña donde elegirán a los representantes y senadores que fortalecerán sus maquinarias. Los parlamentarios enmermelados se pasearán por las provincias haciendo alarde de su poder y de sus contratos.
Desde el centro del poder, los tentáculos de la corrupción se extiende por los cuatro rincones del país. El baile de los escándalos es la música de fondo del drama nacional.
