En buena parte de Latinoamérica, el problema no es que la gente "no quiera votar". A veces, el problema es que el tarjetón se parece más a una sábana de datos que a una herramienta clara para tomar una decisión. En una misma jornada, un ciudadano puede recibir varios tarjetones y cada uno viene cargado de logos, números, nombres, instrucciones y casillas.
En Colombia ya se vio ese escenario. En las elecciones locales de 2023, un votante pudo recibir hasta cinco tarjetones de distintos colores para elegir gobernador, alcalde, diputados, concejales y JAL. En concejos y asambleas, además, aparece el modelo de lista abierta: el partido sale con su logo y debajo se despliegan casillas numéricas para cada candidato. El resultado, para mucha gente, es una sobrecarga de información. Y cuando el tarjetón exige identificar rápido qué marcar, dónde marcar y con qué número, sube la probabilidad de equivocarse.
Consultas interpartidistas 2026: el tarjetón que puede enredar más
Un ejemplo claro es el de las consultas interpartidistas en Colombia. Tradicionalmente, el votante pedía el tarjetón de la consulta en la que quería participar. Para 2026, la autoridad electoral decidió unificar dos consultas en un solo tarjetón, con secciones separadas por coalición.
El riesgo es simple: si una persona marca en dos secciones, el voto se vuelve nulo. Desde el propio Consejo Nacional Electoral se advirtió que el ciudadano "solo podrá marcar una" consulta; si marca ambas, el voto no cuenta. El cambio tiene una intención comprensible -que todos reciban la misma tarjeta y se proteja mejor el voto secreto-, pero puede traer un efecto no deseado: más errores de marcación si no hay una orientación clara antes del día de elecciones.
Diseño y votos nulos: cuando la confusión se vuelve estadística
El diseño importa porque termina reflejándose en los resultados. Estudios sobre Colombia han mostrado que, cuando la boleta es confusa, aumentan los errores y crecen los votos inválidos. En legislativas como las de 2006 y 2010, el país llegó a registrar más de 13% de votos inválidos, una tasa alta en comparación internacional, asociada en parte a tarjetones grandes y recargados, con muchos partidos y candidatos en una sola tarjeta.
Tarjetón electoral, elecciones legislativas como las de 2006 y 2010
Después vinieron ajustes de la Registraduría para hacer el tarjetón más intuitivo. La evidencia académica ha señalado que, con un diseño más claro, los votos nulos bajaron y también se redujo la brecha entre zonas urbanas y rurales en errores de votación. En otras palabras: muchos votos nulos no son protesta. Son equivocaciones.
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Qué muestran México, Argentina, Uruguay y Brasil
La región ofrece varias rutas, todas con costos y beneficios.
- En México, boletas con muchos partidos y coaliciones terminan saturadas de logos y bloques. En procesos recientes se criticaron diseños por ser difíciles de leer, y hasta autoridades electorales admitieron que no eran "lo más didáctico".
- En Argentina, la boleta partidaria simplifica cada papel, pero obliga al elector a manipular varias boletas y puede provocar errores como mezclar listas en el sobre.
- En Uruguay, las hojas por partido también reducen complejidad visual, pero el secreto del voto se cuida con prácticas dentro del puesto de votación (por ejemplo, tomar varias hojas). Aun así, si alguien mete más de una en el sobre, el voto se anula.
- En Brasil, el voto electrónico eliminó el tarjetón físico extenso: el ciudadano digita un número, ve foto y nombre para confirmar, y así se reducen errores de marcación. Pilotos en otros países, como Perú, han encontrado caídas fuertes de votos inválidos cuando la tecnología impide la marcación incorrecta.
Pedagogía electoral: la parte que suele llegar tarde
Cuando el tarjetón cambia o se vuelve más complejo, la pedagogía electoral deja de ser un complemento y pasa a ser un seguro contra el voto perdido. Guías visuales simples, simulacros, explicaciones por cargo y mensajes repetidos (qué se marca y qué anula el voto) pueden ser la diferencia entre una jornada fluida y una jornada llena de votos nulos por confusión.
Al final, el punto no es "embellecer" el tarjetón. Es hacerlo legible para el elector real, el que llega con afán, con dudas, con poco tiempo y, muchas veces, con información incompleta. Un diseño claro, acompañado de pedagogía, no cambia la política. Cambia algo más básico: que el voto cuente.
