El día 'Y'

Mar, 13/02/2018 - 03:22
Esta es la historia de un sueño que parecía solo eso, una fantasía infantil, una utopía. Una historia de arena entre los dedos, de guayos remendados y de talones raspados. La historia de Yerry, el
Esta es la historia de un sueño que parecía solo eso, una fantasía infantil, una utopía. Una historia de arena entre los dedos, de guayos remendados y de talones raspados. La historia de Yerry, el niño que llegó de la mano de su mamá a la cancha de Guachené, cuando tenía cinco años y aún era el más bajito de la casa. El 'Chamito', como lo apodaron en la escuela, quería ser arquero, como su mejor amigo, Jair, que es además su tío y su representante. Pero la gloria lo esperaba unos metros más adelante. Después de darse cuenta que su carrera bajo los tres palos sería corta y cruel, Yerry probó como jugador de campo. Volante de marca primero y luego como defensor central: su verdadero lugar en el mundo. Aquel que le mostró la ruta al profesionalismo. Una ruta sin pavimentar y con muchos retornos que Yerry estuvo a punto de agarrar. Antes de debutar en Pasto, y cuando parecía que el técnico Flabio Torres no lo tomaba tan en serio, llamó a su mamá para decirle entre lágrimas que se iba a regresar. Qué ese no era el camino. Ella, con el sexto sentido que Dios le da a cada madre, le impidió volver. Lo que pasó después es historia ya conocida. A donde fue, lo quisieron. Por su manera de entender el juego y por cómo aprovechaba sus casi dos metros de estatura. Por su convicción para ir arriba y su olfato goleador. Por su exótica manera de sacudir el cuerpo y porque sacaba una sonrisa gigante cuando parecía no haber motivos para desenfundarla. Por su fe, por lo que hacía en la cancha pero, sobretodo, fuera de ella. El Camp Nou, templo del fútbol moderno, se ha puesto de pie para recibir a su nueva gran figura. Las cámaras que retransmiten al mundo lo que pasa allí, persiguen enamoradas al colombiano que no puede dejar de sonreír. Secretea con Messi, bromea con Suárez, recibe atento las últimas indicaciones de Valverde y de cuando en cuando alza sus ojos al cielo, hace conciencia de donde está. Ya no hay arena en sus dedos. La grama de la cancha de Yerry ha florecido, y ya no importa si los guayos se vuelven a romper. El día Y ha llegado. El 'Chamito' de Guachené es titular en el mejor equipo del mundo.
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