Petro, ¿una salida por la puerta de atrás?

Lun, 18/06/2012 - 01:02
A Gustavo Petro no se le debe recriminar por su pasado guerrillero. No comparto los argumentos de aquellos que lo señalan por su militancia en el M-19. Petro, al igual que sus compañeros de lucha, f
A Gustavo Petro no se le debe recriminar por su pasado guerrillero. No comparto los argumentos de aquellos que lo señalan por su militancia en el M-19. Petro, al igual que sus compañeros de lucha, fue amnistiado por el Gobierno de la época, lo que implicó su inserción automática a la civilidad y el reconocimiento tácito de todos los derechos y obligaciones que tal situación conlleva. Lo que haya hecho Petro en esa época ha quedado en el pasado, así algunos se resistan a entenderlo. Si fue un guerrillero de cafetería o un recio comandante, poco importa ahora, lo cierto es que los miembros del M-19, en el marco de un proceso de paz, saldaron sus cuentas con la justicia y la sociedad, y ese acuerdo hay que honrarlo y defenderlo. Gustavo Petro demostró ser un aguerrido congresista que, a riesgo de su propia vida, planteo temas complejos y polémicos. En un país con un Congreso poseído por la mediocridad y la cortedad intelectual, Petro brilló por su inteligencia y posturas definidas. Cuando nadie se atrevía a alzar la voz, Petro se hizo escuchar más allá de las fronteras de Colombia y cautivó, con su verbo fácil y su estilo frentero, a un gran sector del electorado, que vio en el joven legislador una opción presidencial. El ascenso de Petro no fue fortuito: su carrera política ha sido sólida y estructurada, y su discurso ha sido consecuente con sus ideales. Pero, así como Petro fue de buen parlamentario, ha sido de mal Alcalde. Ya van seis meses de una gestión marcada por la improvisación y el desorden. Y es que hay una gran diferencia entre ejercer el control político oficiando de opositor consumado y el manejo de una ciudad tan compleja como Bogotá. La capital de la República va de mal en peor. La otrora ciudad pujante, próspera y sabrosa para vivir es hoy una convulsionada urbe que no parece tener arreglo. Los últimos cinco años han sido un verdadero desastre: el retroceso se palpa en todos los rincones de la geografía distrital, la calidad de vida es algo del pasado. Como si el nefasto mandato de Samuel Moreno y su corte de inescrupulosos contratistas no fueran suficientes, la falta de experiencia de Petro amenaza con acabar con lo poco que queda de la torre de Babel en la que se ha convertido Bogotá. La única ventaja que tiene hoy Bogotá frente a otras ciudades es que aquí se concentra el poder político y económico, cosa que de nada ha servido, pues de lejos es la más caótica y desorganizada del país. No basta con que Petro no se robe un peso, es necesario que gerencie la ciudad como corresponde: con responsabilidad y coherencia. La cosa es tan grave que su equipo de trabajo se desarma cada quince días. La salida de Navarro, que es consciente del estropicio que se avecina, marcó una desbandada sin precedentes. Hay un factor determinante que no le permite vislumbrar a Petro la solución a los innumerables problemas de Bogotá, y es su arrogancia sin límites. El Alcalde es esclavo de sus bajas pasiones y olvida que fue elegido con tan solo el 33 por ciento de los votos, de los cuales ahora no tiene ni la mitad, lo que lo hace presa fácil de una posible revocatoria. Por si fuera poco, también puede ser objeto de una probable destitución, por parte de la Procuraduría General de la Nación, por haber nombrado y dado posesión como funcionarios de la administración distrital a personas que carecían de los requisitos legales para acceder a ciertos cargos públicos. Si Petro no quiere tirar su carrera por la borda y salir por la puerta de atrás, tendrá que hacer un alto en el camino y entender que, por más inteligente que sea, no es dueño de la verdad revelada. La ñapa: Mi tierra está de fiesta. La Feria Ganadera engalana la sabana.

abdelaespriella@lawyersenterprise.com 

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