Juan Restrepo

Ex corresponsal de Televisión Española (TVE) en Bogotá. Vinculado laboralmente a TVE durante 35 años, fue corresponsal en Manila para Extremo Oriente; Italia y Vaticano; en México para Centro América y el Caribe. Y desde la sede en Colombia, cubrió los países del Área Andina.

Juan Restrepo

El ocaso del estadista

Veo la fotografía a cinco columnas en un tabloide europeo: una mujer llora. Es joven, rubia, viste ropa deportiva oscura; se lleva la mano a la cabeza en un gesto que delata desesperación e impotencia. El fondo muestra la destrucción causada por una bomba. La información que acompaña a la imagen dice que un gran ataque ruso ha dejado al menos 21 muertos y dañado la sede de la Unión Europea. En la portada, el titular sentencia: “Putin fulmina las ilusiones de paz en Ucrania con un ataque a Kiev”. Y me pregunto: ¿de verdad alguien creyó que el encuentro en Alaska entre Donald Trump y Vladímir Putin podía suponer la paz para Ucrania?

La escena es elocuente: hoy, las grandes democracias carecen de verdaderos estadistas. Donald Trump, un hombre de negocios convertido en presidente, no alcanza la categoría de hombre de Estado. Su mentalidad de mercader resulta incompatible con el delicado arte de la diplomacia y con la defensa de intereses nacionales a largo plazo. Su visita a Alaska, rodeada de oscuras intenciones, apenas sirvió para maquillar la imagen de un dictador cuya voluntad de continuar atacando Ucrania era previsible desde el primer momento.

Lo que enfrentamos es una ausencia de liderazgo con visión y responsabilidad en las democracias más poderosas del mundo. Están gobernadas por individuos sin la sensibilidad ni la experiencia necesarias para gestionar las complejidades geopolíticas, prisioneros de intereses cortoplacistas o personales que minan tanto la confianza pública como la estabilidad internacional.

Busco un modelo de estadista contemporáneo y, al menos en Europa, solo encuentro la figura de Angela Merkel. De ella en adelante, lo que asoma es mediocridad en las jefaturas de gobierno del Viejo Continente. Durante sus dieciséis años como canciller de Alemania, Merkel se distinguió por su liderazgo pragmático, basado en el diálogo, la cooperación europea y la estabilidad democrática. Su capacidad para mantener unida a Europa en tiempos de incertidumbre fue notable y, en muchos sentidos, ejemplar.

No obstante, su legado arrastra también una sombra: la dependencia energética de Alemania del gas ruso. Fue un error estratégico grave que dejó a Europa vulnerable frente a las agresiones de Putin y limitó su capacidad de respuesta política y económica ante la invasión de Ucrania. Ese traspié demuestra que incluso los estadistas más respetados cometen errores que marcan la historia y que el verdadero liderazgo se mide también por la capacidad de aprender y corregir

Y, como tantas veces, conviene recordar a Winston Churchill, quien lo expresó con diáfana claridad: “El político se convierte en estadista cuando, en lugar de preocuparse por las próximas elecciones, piensa en las próximas generaciones”. La visión cortoplacista de los líderes de nuestro tiempo los reduce a simples mercaderes, con la mirada fija en una urna.

No es el caso, claro, de Donald Trump, vedado ya de la reelección. Pero su imagen —la de un empresario sin perfil clásico de estadista reuniéndose con Putin, un autócrata de ambiciones agresivas— es metáfora de la distancia que separa a quienes hoy mandan de los valores y responsabilidades esenciales para la estabilidad global. La función de un hombre de Estado no es solo negociar o administrar poder: es liderar con visión, defender el bien común y contribuir a la construcción de un orden internacional justo y sostenible.

La figura del estadista, en el mundo actual, es más urgente que nunca, pero también más escasa. Más allá de aciertos o errores, se trata de asumir con integridad, valentía y perspectiva de futuro la tarea de gobernar, de representar a un pueblo y de trabajar por un orden internacional estable y equitativo. Esa cualidad parece haberse desvanecido en quienes hoy ocupan el mando de las grandes democracias. Y de las pequeñas también, como la nuestra; por qué no decirlo.

Creado Por
Juan Restrepo
Más KienyKe
Autoridades ofrecen hasta $100 millones de recompensa para dar con los responsables de este crimen ocurrido en la vereda San Juan.
El programa social beneficiará a más de 3 millones de personas sin pensión en situación de pobreza extrema en Colombia.
La muerte de Jorge Alberto Jaramillo y su esposa Ruth Elena Alzate enluta a Antioquia y deja un vacío en la gastronomía paisa y en el gremio equino colombiano.
La Alcaldía izará las banderas a media asta y acompañará a la familia de la niña de 10 años cuyo cuerpo fue hallado en el río Frío, tras 18 días de búsqueda.
Kien Opina