La psicología secreta del perdón

Mié, 18/03/2026 - 09:47
¿Es posible que los defectos del otro reactiven la máscara con la que oculto los míos?
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Cortesía Promod Tiwari

Hay frases que parecen simples, pero contienen una profundidad capaz de despertar la conciencia. Son pequeñas reflexiones que, cuando se contemplan con atención, iluminan aspectos profundos de la naturaleza humana.

En mi libro “Reflexiones para un nuevo camino” (Editorial Solar, tercera edición) aparece una de esas frases que invitan a detenerse y mirar hacia adentro:

“Lo que no puedes perdonar en el otro es en realidad la incapacidad de perdonar tus propios errores, los cuales disfrazas a través del control, la soberbia, la victimización y el miedo.”

Esta reflexión abre una pregunta inquietante y profundamente humana: ¿Es posible que los defectos del otro reactiven la máscara con la que oculto los míos?

Si esta pregunta se observa con serenidad, comienza a revelar una verdad psicológica interesante: muchas de nuestras reacciones frente a los demás no nacen realmente en lo que el otro hizo, sino en aquello que todavía no hemos logrado resolver dentro de nosotros.

Tres grandes exploradores del alma humana ayudan a iluminar esta hipótesis desde perspectivas distintas, pero sorprendentemente convergentes.

  • Sigmund Freud (1856 – 1939)
  • Carl Gustav Jung (1875 – 1961)
  • Viktor Frankl (1905 – 1997)

 Cada uno, desde su mirada sobre la mente y la conciencia, intentó responder una pregunta esencial: ¿Por qué aquello que más nos perturba en los demás suele tocar algo profundo dentro de nosotros?

Freud: cuando la mente proyecta lo que no quiere aceptar

El fundador del psicoanálisis, Sigmund Freud, descubrió que gran parte de nuestra vida emocional se desarrolla en el inconsciente. Allí se almacenan conflictos no resueltos, culpas reprimidas y experiencias que el ego prefiere mantener fuera de la conciencia.

Para protegerse de esas tensiones internas, la mente desarrolla lo que Freud llamó mecanismos de defensa. Uno de los más frecuentes es la proyección. La proyección ocurre cuando atribuimos a otras personas aquello que en realidad pertenece a nuestro propio mundo interior.

En términos simples: criticamos afuera lo que no queremos reconocer dentro. Así, una persona que no ha logrado reconciliarse con sus propios errores puede reaccionar con dureza frente a los errores de otros. Quien lucha con su propia fragilidad puede mostrarse implacable frente a la debilidad ajena.

Desde esta perspectiva, muchos conflictos interpersonales no son más que conflictos internos desplazados hacia el exterior. El enemigo que creemos ver en el otro puede ser, en realidad, una parte de nosotros que aún no hemos querido comprender.

Jung: la sombra que aparece en el otro

El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung desarrolló el concepto de la sombra, una de las ideas más influyentes de la psicología moderna.

La sombra representa aquellos aspectos de nuestra personalidad que preferimos ignorar porque no coinciden con la imagen que queremos tener de nosotros mismos. En esa zona psíquica viven emociones profundamente humanas: el orgullo, la envidia, la ira, el deseo de dominar o el miedo a equivocarnos.

Cuando estas partes no son reconocidas conscientemente, buscan una forma de manifestarse. Y una de las más comunes es aparecer reflejadas en otras personas. Por eso, Jung afirmaba que todo aquello que nos irrita de los demás puede convertirse en una oportunidad para comprender algo sobre nosotros mismos.

El otro se convierte, muchas veces, en un espejo psicológico. No necesariamente porque sea perfecto o esté libre de errores, sino porque nuestra reacción frente a él puede revelar una zona de nuestra propia sombra que aún no hemos integrado.

Frankl: el perdón como libertad interior

El psiquiatra y neurólogo Viktor Frankl, creador de la logoterapia, introdujo una dimensión decisiva en la comprensión del ser humano: el sentido de la vida.

Frankl enseñó que el ser humano no está completamente determinado por su pasado ni por sus heridas. Incluso en situaciones difíciles conserva una libertad esencial: la libertad de elegir su actitud frente a lo que le ocurre. Desde esta mirada, el perdón deja de ser únicamente un gesto emocional. Se convierte en una decisión consciente de liberarse del resentimiento.

Perdonar no significa justificar lo ocurrido. Significa decidir que el dolor no gobernará nuestra vida. Pero, existe una paradoja psicológica profunda: quien no ha aprendido a reconciliarse consigo mismo difícilmente podrá perdonar a los demás. La incapacidad de perdonar muchas veces nace de una batalla interior no resuelta.

Reflexión final: reconciliarse con uno mismo

Konciencia
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Cortesía Liana

Cuando se observan juntas las ideas de Freud, Jung y Frankl aparece una comprensión integradora.

Freud explicó por qué la mente proyecta sus conflictos. Jung mostró cómo la sombra aparece reflejada en nuestras relaciones. Frankl recordó que el ser humano siempre puede elegir una actitud más consciente frente a su vida.

Desde esta perspectiva, la reflexión planteada en mi libro Reflexiones para un Nuevo Camino, intenta iluminar una verdad profundamente humana: muchas de las batallas que creemos librar con los demás comienzan, en realidad, dentro de nosotros.

Con frecuencia creemos que el problema está afuera: en la pareja, en la familia, en el trabajo o en la sociedad. Pero muchas veces el verdadero conflicto está en la relación que tenemos con nuestros propios errores.

Cuando no nos perdonamos, aparece el juicio. Cuando no aceptamos nuestras heridas, aparece el control. Cuando evitamos asumir responsabilidad, aparece la victimización.

Sin embargo, la conciencia humana tiene la capacidad de transformarse. Ese cambio comienza cuando nos atrevemos a mirarnos con honestidad, reconocer nuestras sombras y comprender que la vida no consiste en negar nuestras heridas, sino en aprender de ellas.

Porque en muchos casos el enemigo que creemos encontrar afuera solo está señalando un lugar interior que aún espera ser comprendido. Y cuando ese lugar interior se ilumina con conciencia, algo cambia profundamente en nuestra manera de vivir: el juicio pierde fuerza, el resentimiento se debilita y la relación con los demás comienza a transformarse.

Entonces descubrimos una verdad que rara vez nos enseñan: la mayor libertad del ser humano no está en cambiar a los demás, sino en reconciliarse con su propia conciencia.

Creado Por
Armando Martí
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