Heroína o traidora

Jue, 22/01/2026 - 16:55
No me tiembla la mano para afirmar que María Corina es una heroína de nuestros tiempos a la que no se le puede catalogar de traidora.
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Con la histórica captura del narcogenocida Nicolás Maduro y de su terrible mujer, Cilia Flores, se abrió una puerta que estuvo cerrada durante décadas: la de una Venezuela democrática y la pronta recuperación de la libertad en países dominados por tiranías aliadas al crimen transnacional organizado y todos sus satélites, como Colombia y Brasil.

María Corina Machado calificó ese golpe certero propinado por Trump como “la justicia venciendo a la tiranía”. La operación, que ha sido considerada “un logro de inteligencia y precisión militar sin precedentes”, nos dejó a todos boquiabiertos, con excepción de aquellos que se rasgaron las vestiduras al calificarla como una violación de la soberanía de Venezuela.

Hasta ahí la cosa es entendible. Siempre habrá quienes aplaudan y quienes lloren una acción militar de esas características. Lo que se pone cuesta arriba es ver cómo a la heroína de nuestro tiempo, la muy valiente María Corina, se le califique de traidora.

En un gesto de gratitud, María Corina aprovechó su encuentro en el Salón Oval con Trump para entregarle personalmente la medalla del Premio Nobel de la Paz, lo que ha sido motivo para que de nuevo sus detractores se le vinieran encima. En su estadía en los Estados Unidos ha tenido la oportunidad de denunciar ante la OEA y el Congreso la represión que se mantiene en Venezuela y el incumplimiento del interinato de la promesa de devolver a todos los presos políticos, y no ha perdido la oportunidad de mostrar su confianza en que la libertad de Venezuela es la libertad muy próxima de los países de la región.

El discurso de María Corina es más simbólico que político, y de ahí que despierte desconfianza por parte de quienes consideran que no está capacitada para liderar el país en esta interesante y prometedora etapa, aunque llena de trampas y complicaciones. No es la primera vez que Venezuela ha tenido la oportunidad de salir del tirano de turno. A Chávez lo sacaron del poder en 2002 cuando, en un episodio histórico que poco se menciona ahora, luego de una huelga de dos meses, el 11 de abril medio millón de manifestantes, apoyados por militares, fueron hasta el Palacio de Miraflores a exigir su salida y se enfrentaron con partidarios de la tiranía naciente, dejando un saldo de decenas de muertos. Por desgracia para Venezuela y la región, Chávez, luego de una reclusión de cuarenta y ocho horas en una isla venezolana, retornó.

Contrasta la actitud de entonces de George Bush, quien no quiso apoyar el golpe de Estado, con la de Donald Trump ahora. Contaba Bush con la manifestación del pueblo soberano y, con todo y eso, se abstuvo de actuar y, por el contrario, avaló el retorno de Chávez, apoyando la “democracia” y no “la fuerza”, con lo que se construyó el peor escenario para los venezolanos y para América Latina. Considero que Marco Rubio y su equipo han tenido presente esa situación para prevenir caer de nuevo en el error. De la cárcel en Brooklyn no saldrá el tirano si no apenas para comparecer ante la Corte de Nueva York.

Hacia María Corina he mantenido un afecto y una admiración muy grandes desde que se enfrentó valientemente al déspota de turno en plena Asamblea Nacional, demostrando su coraje al ser la única persona que fue tan intrépida como para confrontar a Chávez diciéndole unas cuantas verdades. “Águila no caza moscas” fue la respuesta despectiva del tirano, lo que se le volvería en contra a su heredero cuando el águila americana sí cazó a la mosca de Maduro y ¿por qué no? cazará al alevoso de estos lados, que se encuentra apaciguado, soñando cada noche con su encuentro —él, el “jaguar” que apenas maúlla— con el águila.

Es incomprensible que a semejante mujer se le pueda calificar de traidora. Cuando habla de que es una lucha espiritual la que libra junto a su pueblo, no es motivo para decir que está actuando contra el interés nacional, como lo afirman sus enemigos, sustentados en su acusación de que apoyaba las sanciones de Estados Unidos contra la tiranía lo que le valió una condena. El tiempo le ha venido dando la razón, lo que quedó demostrado con su triunfo arrollador en las Primarias Presidenciales de 2023, en las que arrasó con un 93 % de los votos, cosa que se podría repetir en unas elecciones justas en una Venezuela liberada.

Ya está bien que sectores chavistas califiquen de traidora a María Corina, pero que sean intelectuales y escritores como Laura Restrepo, y uno que otro más, los que se muestren inconformes con la asistencia de María Corina al Hay Festival de Cartagena, que se inicia en pocos días, no deja de ser, para mí, incomprensible. Como ellos, los hay en todos los campos de la cultura, mostrando cierto enfermizo esnobismo.

No me tiembla la mano para afirmar que María Corina es una heroína de nuestros tiempos a la que no se le puede catalogar de traidora. Su lucha es por su pueblo y sabe perfectamente que sin el apoyo de Trump no estaría tan cerca de su liberación como lo está ahora.

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Carlos Salas Silva
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