Metodología y regiones: los problemas de las encuestas presidenciales

Lun, 19/01/2026 - 09:57
Ley 2494 de 2025 cambió cómo se publican encuestas: exige muestra probabilística, ficha técnica y reglas de cobertura regional.
Créditos:
EFE

Colombia está en precampaña presidencial con mucho ruido, demasiados nombres y poca certeza sobre la intención de voto. Parte de esa confusión no es solo política: también es metodológica. La Ley 2494 de 2025 ajustó las reglas sobre muestra, publicación y transparencia, y eso está cambiando lo que las encuestas pueden, y no pueden, mostrar.

¿Qué cambió con la Ley 2494?

La norma parte de una idea básica: si un resultado se presenta como "encuesta" electoral, no puede ser un sondeo informal. Debe ser probabilística, publicar ficha técnica, revelar el texto literal de las preguntas y entregar microdatos anonimizados. En teoría, esto mejora la trazabilidad y permite que cualquiera revise cómo se midió.

En la práctica, el nuevo marco también sube el listón: obliga a cuidar el margen de error de diseño y el nivel de confianza de lo que se publica, y pone reglas más estrictas sobre cómo se arma y distribuye la muestra. Resultado directo: hacer encuestas cuesta más, toma más tiempo y trae más riesgos legales en una etapa donde las candidaturas todavía se mueven (firmas en trámite, alianzas, retiradas, nombres que aparecen y desaparecen).

Regiones: cuando las capitales pesan más de lo que parece

Uno de los aspectos problemáticos se encuentra en las muestras. La ley obliga a incluir los municipios o distritos con más de 800.000 habitantes y a sumar municipios de distintos tamaños por regiones.

El problema aparece con el tamaño real de las encuestas que suelen circular (1.000 a 1.500 entrevistas, por ejemplo). Con esas cifras, las regiones terminan siendo un agregado dominado por su núcleo urbano. En Centro Oriente, por peso demográfico, Bogotá puede arrastrar el promedio y dejar casi invisible la variación interna de departamentos como Boyacá o zonas rurales cercanas. Pasa algo similar cuando una región se interpreta como si fuera homogénea, cuando no lo es.

Esto no significa que la encuesta "mienta". Significa que hay límites: sin una muestra mucho mayor, la lectura por subterritorios (departamentos, rural-urbano, municipios intermedios) se vuelve frágil. Y ahí está la trampa: se cumple la cobertura, pero se reduce la capacidad de detectar cambios de tendencia fuera de los grandes centros, que muchas veces son los que definen el remate de campaña.

La pregunta importa: espontánea vs lista

Otro punto clave es cómo se pregunta. La ley exige transparencia y reduce margen para preguntas inducidas, pero no impone un único estándar para medir intención de voto. En ese espacio conviven dos formatos con efectos distintos:

  • Respuesta espontánea (sin lista): mide mejor recordación y presencia mediática. También trae nombres que ya no están en carrera, porque la gente responde desde memoria.
  • Respuesta asistida (lista o tarjeta): se parece más al tarjetón, pero puede introducir sesgos si no se controla el orden o si la lista condiciona la respuesta.

Margen de error: lo que sí dice y lo que no

El clásico "±3%" suele tratarse como sello de certeza, pero no lo es. El margen describe incertidumbre por muestreo, no corrige problemas de pregunta, cobertura o no respuesta. Además, cuando se reportan muchos candidatos con apoyos pequeños o se divide por región, edad o sexo, la incertidumbre crece y las comparaciones se vuelven más delicadas.

Implicaciones políticas: menos datos finos, más pelea pública

Con reglas más estrictas y una precampaña fragmentada, el efecto puede ser doble: menos encuestas públicas con cruces detallados y más dependencia de mediciones privadas que no siempre quedan bajo escrutinio. En paralelo, crece la discusión jurídica y el pulso institucional sobre qué se puede publicar y cómo.

 

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