En plena temporada de San Valentín, la finca Flores de Serrezuela vive sus días más exigentes del año. Lo que para millones de personas es un gesto romántico, para el sector floricultor significa concentrar la producción y los despachos en apenas dos semanas y media. En ese corto lapso, Colombia proyecta exportar cerca de 900 millones de tallos, una operación logística que requiere precisión y coordinación total.
Desde Asocolflores, el gremio del sector, se activa cada año el Plan Pétalo, que en 2026 cumple 20 años. La estrategia reúne a Gobierno, autoridades y aliados estratégicos de la cadena logística para garantizar un canal de comunicación directo y responder ante cualquier contingencia durante la temporada alta de exportaciones.
La finca, un negocio familiar con 40 años de historia, comenzó con apenas 2 hectáreas y hoy alcanza casi 60 hectáreas cultivadas. Genera más de 1.000 empleos, de los cuales el 70% son mujeres, muchas de ellas madres cabeza de familia.
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Un sector que sostiene a miles de familias
El impacto social de la floricultura en Colombia es significativo. El sector emplea cerca de 240.000 personas de manera formal, 150.000 de forma directa. De esos empleos directos, el 60% corresponde a mujeres y el 55% son madres cabeza de familia. En el caso de los hombres, que representan el 40% de los empleos directos, el 53% también son padres cabeza de hogar.
Trabajadores con más de una década en la empresa destacan que esta industria les ha permitido crecer, sostener a sus familias y mantener estabilidad laboral.
Colombia exporta flores a 100 países y es el segundo exportador mundial, después de Holanda y por delante de Ecuador y Etiopía. El principal destino es Estados Unidos, que concentra el 80% de participación, seguido por Canadá, Reino Unido, Japón, Holanda, España y otros 94 mercados.
Para 2026, el sector espera exportar cerca de 65.000 toneladas y alcanzar nuevamente la meta de 900 millones de tallos en temporada alta. En 2025, las exportaciones alcanzaron 2.400 millones de dólares y cerca de 340.000 toneladas, convirtiendo a las flores en el siguiente renglón generador de divisas del país después de los productos minero-energéticos y el café verde.
Del cultivo al cuarto frío: el proceso de exportación
El proceso inicia con la siembra de patrones de rosas, el injerto y el cuidado hasta la maduración de la planta. Tras la cosecha, la flor pasa a postcosecha, donde se clasifica, se hidrata y se codifica para garantizar la trazabilidad.
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Luego se empaca según su destino final y se lleva al cuarto frío, donde permanece a 2 grados centígrados durante mínimo 6 horas para conservar su hidratación. Desde allí continúa en cadena de frío hasta el aeropuerto y posteriormente a destinos como Estados Unidos, Alemania o Japón.
Más allá de las cifras, las flores representan un símbolo del país. “Son las mejores embajadoras de Colombia”, afirman desde el sector, que insiste en la necesidad de fortalecer el consumo interno y valorar una industria que genera empleo formal y aporta miles de millones de dólares en divisas.
En cada tallo exportado hay una cadena de trabajo que va desde el cultivo hasta el empaque final. Un esfuerzo colectivo que convierte a las flores colombianas en uno de los productos agrícolas más reconocidos del mundo.
