Qué gana y qué arriesga Colombia en el Consejo de Seguridad de la ONU

Vie, 02/01/2026 - 08:59
Colombia inicia su periodo 2026-2027 como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU: oportunidades, riesgos y costos.
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Desde el 1 de enero de 2026, Colombia inició su periodo 2026-2027 como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Fue elegida en junio de 2025 con 180 votos de 188, un respaldo amplio, y ocupa este asiento por octava vez. El hecho central para la política exterior es práctico: durante dos años el país tendrá voz y voto en discusiones y resoluciones sobre conflictos armados, crisis humanitarias, misiones de paz y otras amenazas a la seguridad internacional.

Oportunidades para la política exterior

El primer beneficio es de incidencia multilateral. Estar en el Consejo permite intervenir en la redacción de resoluciones, construir alianzas y negociar posiciones con otros Estados, incluso cuando el resultado final dependa del equilibrio entre potencias con derecho a veto.

El segundo es temático. Colombia puede proyectar su experiencia en construcción de paz y posconflicto como insumo para debates sobre protección de civiles, desarme, reincorporación y verificación internacional. Si esa narrativa se maneja con cuidado, también puede fortalecer apoyos alrededor de la implementación del Acuerdo de 2016 y de la Misión de Verificación de la ONU en el país, que es uno de los puntos donde la política exterior y la política interna se tocan de manera directa.

Un tercer frente es la agenda que el gobierno ha venido señalando: seguridad humana, cambio climático, enfoque sobre políticas de drogas y participación en discusiones de reforma del multilateralismo. El riesgo, eso sí, es intentar abarcar demasiado y terminar con posiciones dispersas.

Riesgos y costos

El Consejo impone límites claros. Colombia no tiene veto y, en crisis altamente polarizadas, el margen de maniobra suele reducirse. Además, la membresía aumenta la exposición a presiones diplomáticas: cada voto puede generar lecturas de alineamiento o distanciamiento frente a socios clave.

También hay un costo operativo. Mantener equipos capaces de responder a coyunturas en Nueva York exige recursos, coordinación interinstitucional y disciplina de mensaje. Un error de forma (un voto mal explicado, una frase innecesaria, una abstención sin contexto) puede convertirse en problema político interno.

El cruce con el ciclo electoral de 2026

Un elemento sensible es el calendario: el asiento coincide con la campaña de Congreso y Presidencia en 2026. En ese entorno, decisiones internacionales pueden ser usadas como argumento doméstico. Y hay un punto especialmente delicado: en junio de 2026 Colombia tendrá la presidencia rotativa del Consejo, lo que incrementa visibilidad y obliga a mayor precisión.

Continuidad y coherencia

El mandato atraviesa el cierre de un gobierno y el inicio del siguiente. La credibilidad en el Consejo se construye con consistencia: principios claros, capacidad técnica y una línea estatal que no cambie según el clima electoral. Esa será la prueba más exigente de este periodo.

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