El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, anunció este lunes 22 de junio que dejará el liderazgo del Partido Laborista y permanecerá en Downing Street hasta que sea elegido su sucesor. La decisión abre una transición política menos de dos años después de la amplia victoria laborista de 2024.
La presión interna que terminó en renuncia
Starmer comunicó su decisión frente al número 10 de Downing Street, sede del Gobierno británico, después de varios días de presión dentro de su propio partido. En su declaración, reconoció que la pregunta central era si seguía siendo la persona indicada para llevar al Laborismo a las próximas elecciones generales, previstas para 2029.
El dirigente afirmó que escuchó la respuesta de su bancada parlamentaria y que aceptaba esa decisión. También informó que habló con el rey Carlos III y que pidió al Comité Ejecutivo Nacional del Partido Laborista fijar el calendario para escoger un nuevo líder.
El proceso interno comenzará con nominaciones el 9 de julio. Si hay competencia, el nuevo líder debería estar definido antes del regreso del Parlamento en septiembre. Si solo una candidatura reúne los apoyos necesarios, la transición podría resolverse antes.
La salida de Starmer no implica elecciones generales inmediatas. En el sistema parlamentario británico, cuando el partido gobernante mantiene mayoría en la Cámara de los Comunes, puede escoger un nuevo líder. Esa persona queda en posición de ser nombrada primer ministro por el monarca.
¿Quién era Starmer y por qué importa su salida?
Starmer llegó al poder en julio de 2024, cuando el Partido Laborista puso fin a 14 años de gobiernos conservadores. Antes de entrar en política fue abogado, fiscal jefe de Inglaterra y Gales, y director de la Crown Prosecution Service entre 2008 y 2013.
En 2015 fue elegido diputado por Holborn and St Pancras y en 2020 asumió el liderazgo laborista. Desde allí reorganizó el partido después de la derrota de 2019, buscó alejarlo de las divisiones internas y lo llevó de regreso al Gobierno con una mayoría parlamentaria amplia.
Sin embargo, su gestión perdió apoyo con rapidez. Dentro del Laborismo crecieron las críticas por la falta de una dirección clara, los cambios de postura en políticas públicas, las dificultades económicas, la migración, el sistema de salud y varios nombramientos cuestionados.
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La presión aumentó después del avance de Reform UK, el partido de Nigel Farage, que ganó terreno en encuestas y elecciones locales. Para varios diputados laboristas, Starmer ya no era el dirigente con mejores opciones para enfrentar ese escenario antes de 2029.
El otro factor fue Andy Burnham, exalcalde de Gran Mánchester, quien ganó una elección parcial en Makerfield y volvió al Parlamento. Ese triunfo le permitió cumplir una condición clave para competir por el liderazgo laborista y lo convirtió en el favorito para suceder a Starmer.
Burnham confirmó que presentará su candidatura. Además, Wes Streeting, exministro de Salud y posible rival interno, anunció que lo respaldará, lo que reduce la posibilidad de una competencia prolongada.
Por ahora, Reino Unido entra en una transición dentro del partido de Gobierno. El próximo líder laborista deberá formar gabinete, definir su agenda y enfrentar un escenario marcado por la economía, la migración, los servicios públicos y el crecimiento de Reform UK.
