Mundial 2026

Del miedo a la confianza

Mié, 17/06/2026 - 09:14
Cuando algo te preocupe, detente y reconoce lo que estás sintiendo. Ponle nombre a la emoción. Identifica el sentimiento que hay detrás de ella.
Créditos:
Pramod Tiwari

(Una experiencia de exploración personal. Comprender lo que sentimos)

Hubo un tiempo en que intentaba resolverlo todo con la mente. Analizaba cada situación, buscaba explicaciones y trataba de controlar lo que escapaba a mis manos. Sin darme cuenta, terminé agotado. No porque la vida fuera demasiado difícil, sino porque estaba cargando solo con todo lo que sentía.

Fue entonces cuando descubrí una práctica sencilla y transformadora: poner mis sentimientos y emociones en las manos de Dios.

Las emociones son respuestas inmediatas ante lo que vivimos: miedo, alegría, tristeza o rabia. Los sentimientos son más profundos y duraderos; son el significado que damos a esas emociones. Una tristeza puede convertirse en soledad. Una alegría puede transformarse en gratitud o amor.

Ninguno de ellos es el problema. El problema aparece cuando los negamos o intentamos esconderlos. Lo que no reconocemos termina gobernándonos desde las sombras.

El poder de mis pensamientos

Con el tiempo comprendí que muchas emociones no nacían solamente de los hechos, sino de la forma en que los interpretaba.

Cuando imaginaba repetidamente el peor escenario posible, mi cuerpo reaccionaba como si ese peligro ya existiera. Aparecían la ansiedad, la preocupación y el miedo.

Descubrí entonces que nuestros pensamientos influyen profundamente en nuestras emociones. El cerebro aprende por repetición. Si pensamos constantemente en el fracaso, el rechazo o la pérdida, terminamos viendo la vida a través de ese filtro. Si cultivamos pensamientos más equilibrados y esperanzadores, nuestras emociones también comienzan a cambiar.

Observar cómo pienso me ayudó a comprender mejor por qué sentía lo que sentía y a tomar decisiones más sensatas. Sin embargo, también comprendí que la mente tiene límites. No todo puede resolverse pensando más. Fue ahí donde apareció la humildad.

La humildad de reconocer que no soy el centro de todo, que no puedo controlarlo todo y que puedo pedir ayuda a una sabiduría mayor que mis propios temores.

Cuando dejé de girar únicamente alrededor de mis deseos y miedos, pude entregar mis pensamientos, emociones y sentimientos a Dios. No como una forma de escapar de la realidad, sino como un acto consciente de confianza.

Aprender a entregarlo a Dios

Durante años confundí fortaleza con ocultar mis heridas. Sonreía cuando estaba triste y aparentaba tranquilidad cuando me sentía confundido.

Con el tiempo entendí que la verdadera fortaleza consiste en ser sincero.

Comencé a hablar con Dios de mis dudas, frustraciones, heridas y sueños. Descubrí que la oración no siempre consiste en pedir respuestas. A veces consiste simplemente en abrir el corazón. Dios no espera perfección. Nos recibe tal como somos.

Cuando empecé a poner mis sentimientos en sus manos, mis circunstancias no cambiaron de inmediato, pero algo dentro de mí sí cambió: dejé de sentir que tenía que enfrentarlo todo solo.

Lo que no podemos controlar

Konciencia
Créditos:
Mo

Gran parte del sufrimiento humano nace de querer controlar aquello que no depende de nosotros. Queremos que las personas cambien, que las relaciones funcionen según nuestros planes y que el futuro nos dé garantías.

Pero la vida tiene otros tiempos. Hay situaciones que no podemos modificar, pérdidas que no podemos evitar y respuestas que tardan en llegar.

Aceptar esta realidad no es resignarse. Es reconocer la diferencia entre lo que depende de nosotros y lo que debemos aprender a confiar.

Podemos actuar con responsabilidad y amor, pero no dirigir todas las circunstancias de la vida. Muchas veces sufrimos más por resistirnos a la realidad que por la realidad misma.

La paz de confiar

Con el tiempo comprendí que entregar mis sentimientos a Dios también significaba entregarle mis expectativas.

No solo mis tristezas, sino también mis deseos.

No solo mis heridas, sino también mis sueños.

Cuando algo te preocupe, detente y reconoce lo que estás sintiendo. Ponle nombre a la emoción. Identifica el sentimiento que hay detrás de ella.

Luego habla con Dios con honestidad y deposita esa carga en sus manos.

Hazlo una vez. Hazlo cien veces si es necesario. La confianza se construye poco a poco.

Hoy sigo experimentando miedo, incertidumbre y tristeza algunas veces. La diferencia es que ya no intento cargar solo con todo ello.

He aprendido que confiar no significa entenderlo todo. Significa seguir caminando aun cuando no tengo todas las respuestas.

Reflexión final

Confiar en Dios no significa dejar de sentir. Significa dejar de luchar contra lo que sentimos.

La paz no aparece cuando la vida se vuelve perfecta. Aparece cuando dejamos de cargar solos aquello que nunca fuimos diseñados para cargar.

Quizás el mayor milagro no sea que Dios cambie inmediatamente nuestras circunstancias, sino que transforme nuestro corazón mientras las atravesamos.

Porque cuando decidimos poner nuestros pensamientos, emociones y sentimientos en las manos de Dios, descubrimos que el alma finalmente encuentra un lugar donde descansar.

La confianza comienza donde termina la necesidad de controlarlo todo. Y la serenidad nace cuando comprendemos que Dios puede sostener aquello que nosotros ya no podemos sostener solos.

Creado Por
Armando Martí
Más KienyKe
Según Petro, “la Cancillería tiene que moverse” para que “nos lo devuelvan”.
Las autoridades lo señalan de fortalecer rutas del narcotráfico y buscar alianzas con grupos ilegales en Colombia.
Néstor Lorenzo reveló el estado de salud de Jhon Córdoba, quien venía de una lesión.
El abogado del candidato, Germán Calderón, pidió una rectificación sobre la información publicada por revista Cambio.