El 26 de abril de 1986, una prueba de seguridad en el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil terminó en explosiones, incendio y liberación de material radiactivo. Cuarenta años después, el desastre sigue siendo una referencia sobre fallas técnicas, decisiones humanas y riesgos nucleares.
La noche en que falló el reactor 4
La historia comenzó antes de la explosión. El 25 de abril de 1986, el reactor 4 de Chernóbil, en la entonces Unión Soviética, debía apagarse por mantenimiento. Los operadores aprovecharon esa parada para hacer una prueba de seguridad: querían saber si, ante una pérdida de energía eléctrica, la turbina en desaceleración podía alimentar temporalmente las bombas de refrigeración hasta que entraran en operación los generadores diésel de emergencia.
El procedimiento se retrasó porque la red eléctrica necesitaba que la planta siguiera produciendo energía. De acuerdo con la cronología técnica de la World Nuclear Association, la reducción de potencia se reanudó hacia las 11:10 de la noche del 25 de abril. Ya en la madrugada del 26, a las 00:28, la potencia cayó de forma inesperada a cerca de 30 megavatios térmicos, un nivel muy inferior al previsto para la prueba. Los operadores intentaron elevarla y, hacia la 1:00 a. m., estabilizaron el reactor alrededor de 200 megavatios térmicos.
Ese punto fue decisivo. Según reconstrucciones técnicas posteriores, el reactor operaba en una condición inestable y con menos margen de control del requerido. A la 1:23:04 a. m. comenzó la prueba: se cerraron las válvulas de alimentación de la turbina para medir su comportamiento en desaceleración. Treinta y seis segundos después, a la 1:23:40 a. m., se presionó el botón de emergencia AZ-5 para insertar las barras de control.
Lo que debía apagar el reactor terminó acelerando la crisis. A la 1:23:43 a. m., las señales de emergencia indicaron un aumento brusco de potencia. En segundos, se rompieron elementos de combustible, aumentó la generación de vapor y la presión interna creció. Hacia la 1:24 a. m., dos explosiones destruyeron el núcleo del reactor y dejaron expuesto material altamente radiactivo.
El incendio y la emergencia
Los primeros bomberos llegaron alrededor de la 1:28 a. m. Su tarea inmediata era impedir que el fuego se extendiera a otras unidades de la planta. Los incendios principales en los techos de las unidades 3 y 4 fueron localizados entre las 2:10 y las 2:20 a. m., y quedaron apagados hacia las 5:00 a. m. Sin embargo, el fuego del grafito del reactor continuó liberando radionúclidos a la atmósfera durante varios días.
El balance humano inmediato fue grave. Dos trabajadores murieron el día del accidente por causas asociadas a la explosión y, en los meses siguientes, 28 trabajadores y bomberos fallecieron por efectos severos de la radiación. Otros 106 recibieron dosis suficientes para desarrollar síndrome agudo por radiación.
Después del accidente, las autoridades establecieron una zona de exclusión de 30 kilómetros. Unas 115.000 personas fueron evacuadas de las áreas más contaminadas en 1986 y otras 220.000 fueron reubicadas en años posteriores.
Las dudas que siguen abiertas
Cuarenta años después, no todas las preguntas están cerradas. La secuencia general del accidente está ampliamente documentada, pero aún existen incertidumbres sobre algunos detalles técnicos de los segundos finales, incluida la forma exacta en que se desencadenó la subida de potencia y el papel de las barras de control en esa fase.
También persisten dudas sobre el alcance sanitario de largo plazo. El comité científico de Naciones Unidas sobre radiación atómica ha señalado que hubo un aumento claro de cáncer de tiroides entre quienes eran niños o adolescentes en las zonas más afectadas, especialmente por el consumo de leche contaminada con yodo radiactivo. Sin embargo, medir otros efectos tardíos en poblaciones expuestas a dosis bajas sigue siendo difícil.
El sitio, además, volvió a quedar bajo atención internacional por la guerra en Ucrania. En 2025, el Nuevo Confinamiento Seguro que cubre el reactor dañado fue afectado por un ataque con dron. El Organismo Internacional de Energía Atómica informó que la estructura perdió funciones primarias de seguridad, aunque no hubo daño permanente en sus soportes principales ni en los sistemas de monitoreo. Las reparaciones siguen siendo una tarea pendiente para garantizar la seguridad de largo plazo.
