El regreso desde la Luna incluye una de las fases más exigentes de toda la misión: el reingreso a la Tierra y la recuperación en el océano.
Cuando la cápsula Orion entra a la atmósfera, lo hace a una velocidad cercana a los 40.000 kilómetros por hora. A partir de ese momento, comienza una desaceleración progresiva que reduce la velocidad hasta unos 480 km/h.
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Luego se activa uno de los sistemas más importantes de la misión: una secuencia de 11 paracaídas que se despliegan de manera controlada para disminuir aún más la velocidad, hasta unos 30 km/h. Esta reducción permite que la cápsula americe de forma segura en el océano Pacífico, a decenas de kilómetros de la costa de California.
Tras el amerizaje, se inicia una operación coordinada de recuperación. Helicópteros, buzos de la marina y equipos especializados se dirigen hacia la cápsula.
Los buzos son los primeros en intervenir. Su labor es evaluar el entorno, verificar que no existan riesgos y estabilizar la nave en el agua. Posteriormente, instalan una balsa inflable junto a la escotilla lateral para facilitar la salida de la tripulación.
Los astronautas abandonan la cápsula uno a uno y son trasladados en helicóptero hasta un buque cercano. Allí reciben una evaluación médica tras completar su misión.
Una vez que la tripulación está a salvo, el equipo procede con la recuperación de la cápsula Orion, que es llevada hasta la embarcación.
Todo este proceso ha sido desarrollado y ensayado durante años por los equipos responsables de las operaciones en aguas abiertas, con el objetivo de garantizar una recuperación segura tras el viaje alrededor de la Luna.
