Una historia que mezcla tradición, riqueza y controversia volvió a encender el debate en redes sociales. El aristócrata británico Benjamin Slade, de 79 años, emprendió una búsqueda poco convencional: encontrar una mujer con la que pueda tener un heredero varón que continúe su linaje familiar.
A pocos meses de cumplir 80 años en mayo, Slade ha reconocido que su edad lo ha llevado a acelerar este proceso. Su objetivo es claro: asegurar la continuidad de su apellido y de su patrimonio, ubicado en Somerset, a unos 230 kilómetros de Londres.
“Puedo tener dos hijos, tres sería incluso mejor, pero con dos se salva la situación”, afirmó en declaraciones a medios locales. Aunque ya tiene una hija, insiste en que necesita un varón para cumplir con las exigencias de su legado.
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Una búsqueda digital con fines específicos
Lejos de los métodos tradicionales, el millonario decidió incursionar en la aplicación de citas Tinder, recomendada por sus empleados. Sin embargo, su intención no está ligada al romance: busca exclusivamente a una mujer que pueda darle descendencia masculina.
Para atraer candidatas, ofrece un paquete económico de 60.000 euros al año, junto con beneficios como vivienda, automóvil, manutención y vacaciones. La propuesta ha sido calificada por muchos como inusual y polémica.
El interés de Slade por tener un hijo varón está ligado a la conservación del título de baronet, concedido por el rey Guillermo IV a su antepasado, el general John Slade, tras su participación en la Guerra de la Independencia española.
Este reconocimiento solo puede transmitirse de padre a hijo, lo que deja por fuera a su hija Violeta dentro de la línea de sucesión. Esta condición ha sido determinante en su insistencia por encontrar un heredero masculino.
Condiciones que han generado críticas
La historia, revelada en el programa Millionaire Age Gap Love, ha causado controversia por la lista de exigencias que el británico ha establecido. Entre ellas, la candidata debe ser menor que él, con una edad ideal cercana a los 40 años, y tener habilidades para administrar sus propiedades, que incluyen dos castillos, una finca y un campo de faisanes.
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Además, impone restricciones particulares: no puede ser escocesa ni comunista, no debe consumir alcohol ni drogas, y su país de origen no puede comenzar con la letra “i” ni tener una bandera con color verde. También exige que mida al menos 1,67 metros, que no sea del signo Escorpio y que cuente con licencia de conducción y de escopeta.
La historia de Benjamin Slade ha abierto un debate sobre los límites entre la vida privada, el poder económico y las tradiciones familiares. Mientras algunos consideran que se trata de una decisión personal, otros cuestionan las condiciones impuestas y el enfoque de su búsqueda.
Con el paso del tiempo en su contra, el aristócrata continúa en su intento por asegurar la continuidad de su apellido, en medio de una controversia que sigue creciendo a nivel internacional.
