Gustavo Petro viajó a Estados Unidos entre el 2 y el 5 de febrero de 2026. En Washington se reunió con Donald Trump, después de meses de choques públicos y medidas de presión entre ambos gobiernos. La visita buscó recomponer la relación y dejar tareas concretas, con énfasis en narcotráfico y seguridad.
Ahora, con el regreso de Petro a Colombia, queda la interrogante: ¿Cuáles fueron las conclusiones?
Lo bueno: acuerdos que sí quedaron
El gesto previo marcó el tono: Colombia hizo una extradición a Estados Unidos horas antes del encuentro. Ya en la Casa Blanca, ambos sostuvieron una reunión de alrededor de dos horas que describieron como "cordial" y "productiva". Con eso, el tema central quedó amarrado: cooperación para frenar el flujo de drogas.
A partir de ahí hablaron de acciones conjuntas, con apoyo militar y de inteligencia, para golpear a los carteles. Petro pidió respaldo para capturar capos que operan fuera de Colombia y Trump aceptó colaborar con una estrategia enfocada en los máximos jefes criminales.
También quedó un mecanismo para bajar la pelea por discursos: montar verificación científica independiente para medir avances en reducción de cultivos y en sustitución (coca por cacao o café). Y, en paralelo, Colombia anunció la priorización y recompensa por la captura de tres grandes narcotraficantes, incluido "Chiquito Malo", señalado como cabecilla del Clan del Golfo.
En otros frentes hubo señales, no cierres. Petro planteó una ruta energética con Venezuela basada en gas natural. Trump se ofreció a mediar en el conflicto comercial con Ecuador por aranceles del 30% a productos colombianos. Además, la Cancillería anunció la reanudación de vuelos de repatriación de deportados desde Estados Unidos, que habían estado suspendidos durante la crisis.
Lo pendiente: sanciones y ejecución real
El mejor tono no cerró el capítulo de las sanciones. Petro llegó con un estatus inusual: su visa ordinaria había sido revocada meses atrás y entró con garantías diplomáticas especiales. Trump dijo después que están "trabajando en el tema de las sanciones", pero la visita terminó sin anuncios de levantamiento.
También siguió abierto el frente de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), el esquema de sanciones financieras mencionado en el insumo. Y no se informó de una reversión inmediata de la descertificación antidrogas declarada por la Casa Blanca el año previo. En pocas palabras: la normalización plena quedó amarrada a resultados verificables.
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La otra pendiente es la implementación. Acordar cooperación y verificación es el inicio; luego viene escoger expertos, fijar indicadores y producir mediciones que resistan escrutinio. Y, al mismo tiempo, ejecutar operaciones contra objetivos priorizados sin que cada anuncio desate una crisis interna.
Lo malo: el costo doméstico y la fragilidad
La visita se montó sobre una crisis bilateral reciente, con acusaciones e insultos. Trump llamó a Petro "líder narcotraficante" sin pruebas públicas en el material. Petro respondió con críticas por Gaza y con reclamos por acciones militares estadounidenses. Ese antecedente deja la relación frágil: un choque nuevo podría reabrir el conflicto con facilidad.
El costo más inmediato fue interno. Un día después de la cumbre, el Clan del Golfo -que se autodenomina Ejército Gaitanista de Colombia (EGC)- anunció la suspensión de sus conversaciones de paz en Doha. El motivo, según el insumo, fue la filtración de un compromiso de priorizar la captura de "Chiquito Malo" para extraditarlo. El ministro de Defensa confirmó que pasó a ser objetivo de alto valor con recompensa. Eso golpea la Paz Total: el canal quedó suspendido justo después del viaje y obligó al Gobierno a responder en público.
La regla de fondo
Aquí operan dos lógicas al tiempo. La de seguridad pide capturas, extradiciones e incautaciones. La de sanciones y certificaciones impone costos prácticos, no simbólicos: viajes, finanzas y trato político. Por eso el mecanismo de medición importa: si hay evidencia externa, baja el espacio para la pelea retórica.
¿Qué sigue para Colombia?
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Ejecutar capturas y golpes contra los capos priorizados.
- Poner a funcionar la verificación científica: expertos independientes, indicadores claros y reportes periódicos.
- Sostener el canal para destrabar OFAC, descertificación y sanciones, bajo la lógica expresada en la visita: resultados antes de alivios.
- Definir el manejo del choque con el EGC: condiciones para reactivar conversaciones y garantías mínimas.
