En una ciudad donde el ritmo no se detiene ni los domingos, comienza a abrirse espacio un plan distinto: sentarse sin prisa, compartir la mesa y mirar la ciudad desde arriba. Eso es lo que propone Minor Hotels Europe & Américas con la llegada del brunch dominical a la terraza del NH Collection Teleport Royal.
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La iniciativa no se presenta como un simple buffet, sino como un recorrido gastronómico pensado para quedarse varias horas. Desde las 8:00 a. m. hasta las 2:00 p. m., la terraza del hotel se transforma en un punto de encuentro familiar, con actividades para niños y un detalle que no pasa desapercibido: es un espacio petfriendly, coherente con la política de la cadena.
Cuatro estaciones para recorrer sin afán
La propuesta lleva la firma de la chef Sandra Correa, quien diseñó un brunch estructurado en cuatro estaciones que dialogan entre sí:
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Frutas del Mercado, con productos frescos y jugos naturales.
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Estación del Mar, donde los sabores marinos aportan ligereza y contraste.
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A la Parrilla, con preparaciones calientes hechas al momento.
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Dulces del Alma, un cierre que combina tradición y técnica en clave repostera.
Más que abundancia, la idea es equilibrio: bollería dulce y salada, carnes frías, quesos artesanales, frutas de temporada, café e infusiones, además de bebidas seleccionadas incluidas en la experiencia.
Un domingo para quedarse
En tiempos donde los planes familiares suelen limitarse a centros comerciales o reuniones rápidas, la terraza del NH Collection Teleport Royal apuesta por recuperar la sobremesa larga. El entorno —abierto, luminoso, con vista urbana— acompaña la intención de convertir el domingo en un pequeño ritual.
El costo es de $148.500 para adultos y $65.000 para niños, una tarifa que busca ubicarse en el segmento de experiencias completas más que en el consumo rápido.
El brunch dominical no solo celebra la cocina colombiana desde una mirada contemporánea; también reivindica el acto de reunirse alrededor de la mesa. En una ciudad como Bogotá, donde cada semana parece más acelerada que la anterior, detenerse a compartir puede ser, en sí mismo, un lujo.
