Bogotá está aplicando una estrategia para transformar bajopuentes (zonas que por años fueron oscuras o subutilizadas) en espacios con actividad cultural, deporte y servicios. El enfoque combina intervención física, orden del espacio público y modelos de administración local, con nuevas actuaciones previstas para 2026.
Una política pública para activar puntos críticos
La apuesta se organiza alrededor de "Puentes que Unen", liderada por el DADEP, y se complementa con acciones del IDU en conservación y mejoras del entorno. La lógica es directa: cuando un bajopuente no tiene usos claros, iluminación suficiente y rutinas de mantenimiento, suele deteriorarse más rápido. En cambio, cuando hay programación, reglas de uso y presencia constante, se incrementa la apropiación ciudadana y baja el riesgo de abandono.
Además, el Distrito busca anticiparse a un reto que crece con la ciudad: a medida que aumentan viaductos y estructuras elevadas, también aumenta el número de espacios residuales que requieren un plan de uso sostenible, no solo intervenciones aisladas.
Calle 53 con NQS: intervención con vocación cultural
Uno de los casos más visibles es el bajopuente de la calle 53 con avenida NQS, en Teusaquillo. Allí se recuperaron 1.407 m² con una inversión cercana a $1.328 millones. La intervención incluyó iluminación, jardinería y ajustes de urbanismo para facilitar el uso cotidiano, además de áreas pensadas para actividades comunitarias. También se incorporaron componentes ambientales, manejo de residuos y arte urbano como herramienta de resignificación del lugar.
Sostenibilidad: administración local y actividad económica regulada
El modelo no se limita a entregar obra. En el caso de la calle 53, se definió un esquema de administración a cargo de una organización local, AsoGalerías CAC 53, por un periodo establecido. La expectativa es que esa administración apoye el cuidado diario, convoque actividades y mantenga la operación.
Un punto clave es el aprovechamiento económico: módulos o servicios que aporten presencia e ingresos para el mantenimiento, sin convertir el espacio en un cierre privatizado. En la práctica, el equilibrio depende de reglas claras, control y seguimiento.
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Componente social y orden del espacio público
La recuperación de bajopuentes también se plantea como una forma de ordenar el uso del espacio público y conectar a población vulnerable con la oferta institucional disponible. El desafío es sostener esa coordinación entre entidades y evitar que los problemas se trasladen a otros puntos de la ciudad.
Qué viene en 2026
La Alcaldía ha señalado que continuará la intervención de bajopuentes en 2026, con nuevos puntos y vocaciones (deportivas, culturales y de servicios). Para otras ciudades, el esquema es replicable si se asegura lo básico: diagnóstico del lugar, vocación según el barrio, mejoras consistentes (luz, limpieza, señalización), responsables de administración y un plan real de mantenimiento. Sin eso, lo recuperado se pierde rápido.
