¿Deberíamos estar preocupados?

Mié, 01/04/2026 - 11:25
"Si corregimos el rumbo, lo que tendremos por delante será la prosperidad y el progreso que tanto anhelamos"
Créditos:
KienyKe

Es cosa de todas las noches despertarme, luego de haber tenido sueños extraños, y quedarme despierto un buen rato hasta conseguir dormirme de nuevo. Lo de anoche fue curioso: tenía a mi lado una vieja edición de un libro especialmente apreciado por mi padre, “Cómo suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida”, de Dale Carnegie.

Lo abrí al azar y pude leer el testimonio de una persona que enfrentó seis problemas a la vez, a los que no les veía ninguna solución. Eran de tal magnitud que sentí compasión por ese pobre hombre. Viéndose impotente, decidió escribir los seis problemas en una hoja de papel, la cual guardó en su escritorio. Pasó un año y medio y, revisando sus archivos, encontró la lista de sus preocupaciones y pudo comprobar que no se había producido nada de lo que había temido. Cerré el libro y me puse a darle vueltas al asunto en torno a uno de mis mayores motivos de inquietud: las elecciones próximas.

Eso de las preocupaciones es cosa de viejos; ahora se les llama estrés, ansiedad, burnout y miedo anticipatorio. Cambia el lenguaje, pero no el fenómeno: anticipar un futuro negativo como si lo estuviésemos viviendo en el presente. Lo cierto es que hace cuatro años estaba seriamente preocupado…

La perspectiva de que un mequetrefe, un mamarracho —como calificaba, con suficientes motivos, en esa época a Gustavo Petro— llegara al poder era motivo suficiente de inquietud. Mi hija recuerda que, luego de las elecciones, estuve enfermo varios meses. Creo que por eso pasaron millones de colombianos, y con toda razón. ¿Qué vemos ahora? Ya sea por ineptitud, pereza, adicciones, torpeza, arrogancia o lo que sea, ese mamarracho no logró su cometido de destruir al país para llevarlo al infierno castrochavista. La llegada al poder de Donald Trump se constituyó en una barrera muy fuerte que se ha interpuesto en el plan siniestro de hacer de Colombia una nueva Cuba o una nueva Venezuela, lo que ha sido una inesperada y venturosa aparición dentro de la negra atmósfera que oscureció al país.

Esa gran preocupación se fue diluyendo, aunque no del todo. Le restan cuatro meses al mequetrefe y no ha parado ni un solo día de crear zozobra con sus actos y declaraciones, generando un clima de inquietud que, en otras condiciones y con un pueblo más sumiso, produciría pánico. Hasta ahí podría calificar de alarmista mi actitud de hace cuatro años, pero cuando aparece una preocupación mayor, representada claramente en la candidatura de Cepeda —quien no ha tenido reparos en mostrarse como lo que es: el político más siniestro que haya parido la izquierda en Colombia—, vuelve a apoderarse de mí la ansiedad, el estrés, el miedo anticipatorio y, como se le quiera llamar, lo que es simple y claramente preocupación.

Preocupación por el destino del país y por un tropiezo de la región, justo cuando se viven momentos llenos de esperanza al ver derrumbarse el imperio del Foro de Sao Paulo. También por el futuro de mis hijas, mis familiares y amigos; por el de millones de colombianos que se merecen disfrutar de las riquezas de nuestro subsuelo, de su privilegiada geografía y de la capacidad de generar riqueza que caracteriza al emprendedor colombiano.

La cosa es aún más preocupante cuando sabemos que, descaradamente, el gobierno está interfiriendo en la campaña y, sin duda, en la compra de voluntades para ganar las elecciones a como dé lugar. Si a eso le sumamos las puyas entre los bandos que se han generado alrededor de los dos candidatos de la oposición, tenemos un panorama desalentador. Me queda la fe en que el voto es un acto de independencia y que el triunfo no se alcanza mediante alianzas o chantajes, ni comprando votos o infiltrándose en la Registraduría, cuando la ciudadanía ha tomado conciencia de la gravedad del asunto.

Me pregunto si estoy exagerando y si es mi imaginación la que agranda los motivos de preocupación. Ojalá sea así; solo el futuro lo dirá. El tiempo pasa volando y muy pronto lo sabré. Espero que en junio quede demostrado que somos mayoría los que no queremos más de lo mismo y estamos dispuestos a jugárnosla toda por sacar este país adelante.

De la preocupación paso a la esperanza. Si corregimos el rumbo, lo que tendremos por delante será la prosperidad y el progreso que tanto anhelamos, lo que significaría erradicar de raíz males endémicos como la inseguridad, la corrupción y la inoperancia, y así acabar con la pobreza y hacer de Colombia un país de oportunidades.

Creado Por
Carlos Salas Silva
Este contenido corresponde exclusivamente a la opinión y perspectiva del artista, Carlos Salas. Las ideas, reflexiones y afirmaciones aquí expresadas no comprometen la línea editorial ni institucional de KienyKe
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