Donald Trump ha vuelto a poner sobre la mesa una idea explosiva: sacar a Estados Unidos de la OTAN. Pero hay un detalle clave que cambia todo el escenario: no depende solo de él.
El presidente ha intensificado sus críticas contra la Alianza Atlántica, a la que considera costosa y poco efectiva, e incluso ha sugerido que evalúa seriamente abandonar el bloque. Sin embargo, más allá del discurso político, la decisión está rodeada de límites legales y consecuencias estratégicas que la hacen mucho más compleja.
Lo que permite el tratado y lo que bloquea la ley
En teoría, Estados Unidos sí puede salir de la OTAN. El Tratado del Atlántico Norte, firmado en 1949, establece que cualquier país miembro puede retirarse notificando su decisión y esperando un año para que esta se haga efectiva.
Pero aquí aparece la primera complejidad: Estados Unidos es el depositario del tratado, por lo que tendría que notificarse a sí mismo antes de informar al resto de aliados.
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El verdadero obstáculo está dentro del propio sistema político estadounidense. En 2023, una ley aprobada por el Congreso prohibió expresamente al presidente retirar al país de la OTAN sin autorización legislativa.
Para hacerlo, necesitaría una ley específica o el respaldo de dos tercios del Senado, un escenario altamente improbable. Esto significa que, aunque Trump quiera salir de la OTAN, no puede hacerlo de forma unilateral sin abrir un conflicto institucional.
Si aun así intentara avanzar, el caso terminaría en la Corte Suprema, que tendría la última palabra.
Qué pasaría si Estados Unidos sale de la OTAN
Las consecuencias de una salida serían profundas.
Para Estados Unidos, implicaría perder acceso directo a decenas de bases militares en Europa, clave para operaciones en otras regiones del mundo. También podría debilitar su posición frente a potencias como China y Rusia, obligándolo a aumentar su gasto en defensa.
Para la OTAN, el impacto sería aún mayor. Estados Unidos representa cerca del 70 % de su presupuesto operativo, por lo que su salida reduciría drásticamente la capacidad militar del bloque.
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Hay además un dato clave: la única vez que la OTAN ha activado su cláusula de defensa colectiva fue para apoyar a Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.
En conclusión, aunque Trump puede plantear la salida de la OTAN como una opción política, llevarla a cabo implicaría superar barreras legales, institucionales y estratégicas muy difíciles.
No es solo una decisión presidencial: es un proceso complejo que pondría a prueba el sistema político de Estados Unidos y el equilibrio de seguridad global.
