La caricatura de la semana pone a Iván Cepeda, Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella corriendo debajo de un globo rojo enorme que dice "Consultas". El globo no está tranquilo, está demasiado inflado y parece a punto de estallar, y la gracia está en que los tres no corren hacia él sino para alejarse, como si el riesgo no fuera perder una votación sino quedar atrapados debajo de la exploción. La escena resume una sensación que ya se volvió política, mucha expectativa puesta arriba y una retirada rápida abajo.
La noticia de la semana
El 8 de marzo, las consultas interpartidistas coinciden con las elecciones legislativas y venían funcionando como el primer filtro para ordenar candidaturas presidenciales. En pocos días, ese carril se quedó sin tres nombres que venían sonando fuerte en encuestas y conversación pública. El Consejo Nacional Electoral (CNE) dejó por fuera a Cepeda de la consulta del Frente por la Vida. Fajardo confirmó que no irá a consulta y que competirá directo en primera vuelta. De la Espriella mantiene su decisión de no someterse a consulta y jugar por fuera del mecanismo.
La regla de fondo
Una consulta sirve cuando resuelve una pregunta concreta, quién encabeza una alianza cuando hay varios aspirantes disputando el mismo espacio. La regla es simple, quien gana se queda con la candidatura y quien pierde acepta el resultado, y esa aceptación es lo que permite vender una unidad después. El problema es que esa regla también obliga a pagar costos reales, medirse en una fecha fija, quedar asociado a un conteo que marca ganadores y derrotados, y exponerse a que una pelea interna deje cicatrices antes de arrancar la campaña grande.
¿Qué está en juego?
Si los nombres con mayor tracción deciden no pasar por la consulta, (ya que los tres lideran en las encuestas) el mecanismo no desaparece, pero cambia de sentido. En la práctica, ya no define al candidato que ordena el escenario completo, sino que ordena una parte del tablero y deja a otros por fuera, con campañas corriendo en paralelo y con relatos distintos de legitimidad. Eso vuelve más difícil vender la idea de que la consulta era el gran momento de depuración, porque el filtro queda operando sin quienes más arrastraban atención y voto.
